El problema de no hacer nada

Decir que “Nunca puedo terminar nada” puede sonar terriblemente fatalista. Pero creo que es real. Tengo un problema personal con las metas. Cualquier cosa con fecha de entrega, compromiso, incluso algo que requiera de una simple y clara visión; me pesa y me es muy difícil concretar cosas. Sin embargo, no paro de hacer, desde que me levanto estoy haciendo; no una, ni dos, sino todas las cosas a la vez.

Por ejemplo, esta mañana (que para mis horarios es comienza como a las 5 de la tarde), me preparé un pan tostado para desayunar, al mismo tiempo que prendo un cigarrito, saco la jarra de agua, vierto un generoso chorro en cada uno de los tres platos de los michis. Produce un sonido metálico muy característico de esos pequeños tamborcitos, que alerta las orejas felinas por toda la sala; los gatos corren hacia el plato, pero a medio camino hacia las croquetas, ya encendí la estufa y me puse a lavar el sartén. tengo un cigarrillo en los labios, las manos mojadas, espumosas y grasientas. Quesito ya se está agarrando a la Mika a trancazos.

—Todavía ni les sirvo y ya se están peleando! ¡Gorda!— Refiriéndome a Quesito— Ven acá, déjala— Se me agarran a madrazos a veces pero leve, no se me espante.

El cigarro, que para este momento ya tiene jabón pero ha vuelto a mis labios, sabe horrible (y ya sé, para la gente que no fuma esta es una constante, pro para mí es mitá y mitá) se moja más, se apaga. Me enjuago rápidamente las manos, pongo el sartén en la estufa y les sirvo la tercera comida del día, ¿por qué yo apenas voy a desayunar? Cierro las croquetas, saco el aceite, lo vierto en el sartén y me traiciona levemente mi cerebro (que, no se preocupe, entiendo perfectamente que soy yo también dentro de mi cabeza) recordándome justo ahora, que no he contestado los mensajes en 4 o 5 días. ¡Oh diositobimbo! Entro al cuarto y naturalmente ya me he olvidado de por qué estoy ahí.

Pero… ¿sabes qué? ¡Mejor! Porque ahí están las tazas y servirán para el café que me prepararé justo ahora, voy comenzando un nuevo día, o una nueva tarde y como sea, ya está oscureciendo, si no me apuro a hacer algo, voy a sentir que no hice nada hoy. Aunque sé que a toda costa quiero y debo evitar esa sensación terrible entre el estómago y la espalda baja, que es como si mi alma se tirara un pedo adentro de mí (no se preocupe, entiendo perfectamente que no tenemos alma, pero así se siente) es la culpa de haber abandonado mis deberes pero ¿Cuáles?

Para cuando las tazas están limpias, la cafetera ya huele a quemado, la prendí sin ponerle agua ni café, pero es que antes le ponía el café y el agua sin la taza y se me olvidaba poner la taza, esto es peor quizás, me estoy gastando la luz a lo pendejo, pero al menos no estoy tirando el café. El sartén ya está echando humo, el aceite quemado me entra los pulmones y exhalo desesperadamente, antes no me hacía tanto daño, creo que tengo daño pulmonar. Saco el celular… Google. “ME VOY AS MORIR SI EL ACEITE CALIENTE ME DUELE” le doy send, borro la búsqueda porque está toda en mayúsculas, ay, el aceite, la cebolla, estoy picando la cebolla, las tortillas lo más rápido que puedo. Mika empieza a pedir más comida, maúlla con toda su desesperación porque cuando abrí la puerta del refri para sacar las tortillas alcanzó a oler un taco de chile relleno al que le trae ganas desde antier, que lo dejaron ahí abandonado.

Por fin tengo el sartén a la temperatura adecuada, apagué la cafetera, y le aventé una pizca de catnip a la Mika para que se calmara y ya entré en tres crisis, No quiero volver a cocinar nunca.

Ay, me vine a escribir esto y dejé el sartén prendido, chingaos. Luego termino este texto

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traigo mucha pena hoy

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